viernes, 7 de febrero de 2014

Aunque quemes.

Si juegas con fuego puedes quemarte,
yo he jugado
y me he quemado.

Y te he quemado.

Si arriesgas puedes perder,
yo he arriesgado
y te he perdido.

Y me he perdido.

Perdóname por perderte
y por perderme,
que yo te perdonaré
por no buscarme.

Te perdonaré
por ser tan obsesión,
por no estar nunca
aun siempre estando,
por desaparecer con ella
para después volver a recoger tu olvido
y a sembrar tu recuerdo.

Te perdonaré
por las promesas que nunca cumplirás
por ese:
Siempre.
Sea cuando sea.
Escrito en un trozo de papel
tan magullado
como mi paciencia.

Yo te perdonaré.

Pero primero perdóname tú
por meterme en la boca del lobo
(aunque lo volvería a hacer),
por creerme mujer
escondida en tu pecho,
por retar al destino
porque cuanto más prohibido
más me ponía
y más te ponías.

Perdóname por llenar de pecado
tu coche
tu cama
mi cama
su cama
el sofá
el parque
y el hotel
una y otra vez.

Perdóname por hacernos mentir
para vernos a escondidas
para tocarnos sin manos
para besarnos lento
y rápido.

Perdóname por morderme el labio
porque sé que te gusta
porqué sé que tiemblas
porque te siento mía
aunque sea mentira.

Perdóname por haberte dicho
te quiero
Porque no te quiero
te deseo
te pienso
te siento
te observo
te imagino
te necesito
te admiro.
Pero no te quiero.

Ni si quiera te odio
aunque a veces lo intente.

Pero ese es el problema de lo prohibido:
se desea
se piensa
se siente
se observa
se imagina
se necesita
se admira.
Pero nadie se atreve a querer lo prohibido,
ni aun cuando lo prohibido
tiene una sonrisa que calma mareas.

Ahora escúchame una última vez
y olvida todo lo que te acabo de decir.

No me perdones en absoluto
porque no me arrepiento,
de ti, de mí,
y mucho menos
de nosotras.

(Volvería a creer en ti)

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